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LOS POETAS ATALAYISTAS

Emilio R. Delgado

En unos «recuerdos de la vida literaria» aparecidos en este mismo diario (abril 27), el compañero William H. Montalvo me atribuye una falsa apreciación de los atalayistas que yo nunca he proferido: “Jorge Pastor y Emilio R. Delgado los aborrecían.” Lejos de aborrecerlos, siempre tuve un verdadero afecto por ellos, no solamente por su actitud de rebeldía en cuanto a la poesía, si no además por su abierta postura frente a la problemática política de nuestra patria. Hoy todavía, a más de 30 años de distancia, conservo una estrecha amistad por los más cercanos a mi ideológicamente: Graciany Miranda Archilla y Clemente Soto Vélez, residentes como yo en Estados Unidos. Rechazo, pues, como infundada, la insinuación que me hace Montalvo. Dejo al buen amigo Jorge Pastor hacer su defensa, si es que lo cree necesario.

Aprovecho la oportunidad para hacer saber a Montalvo que los atalayistas no fueron los únicos que se atrevieron a “romper con el arte clásico del verso” en Puerto Rico. Basta echar una ojeada rápida a la historia de la literatura puertorriqueña del presente siglo, para comprobar que hubo otros movimientos de avanzada que adoptaron también posiciones revolucionarias contra el “arte petrificado”.

Comencemos por el movimiento “Pancalista” que encabezara Luis Lloréns Torres junto con Antonio Pérez Pierret, Nemesio Canales y otros renovadores del verso y la prosa salidos del post-modernismo y que tuvieron como órgano de expresión la famosa Revista de las Antillas, una de las mejores publicaciones literarias de la lengua en su tiempo. De Lloréns se dijo por entonces que era un poeta “extravagante”.

Siguió a este importante movimiento el “Diepalismo”, que animaron principalmente Luis Palés Matos y José I. de Diego Padró, cuya temática se basa en los sonidos onomatopéyicos de la Naturaleza.

Subsiguientemente surgió el movimiento “Euforista” que encabezaron el poeta Vicente Palés Matos y el olvidado y gran prosista de su tiempo, Tomás L. Batista. Los “euforistas” tuvieron como órgano de expresión la revista Cabezas que se editaba en Caguas.

Inmediatamente aparecieron los “Noístas”, entre los cuales figuraban Vicente Géigel Polanco, Samuel Quiñones, el que suscribe y otros que se unieron más adelante. El periódico El Imparcial*, que entonces dirigía José Pérez Losada, publicó poemas “noístas” en varias ocasiones. Por cierto, que el poeta Antonio Coll y Vidal se unió al grupo desde Nueva York con unos poemas que llamó “egoprismas”.

Entre los renovadores del verso debe resaltarse el nombre de Evaristo Ribera Chevremont, que hizo escuela con un poemario de “girándulas”. En Evaristo hay que admirar además su dedicación benedictina a la obra poética, rara avis en nuestra República de las Letras.

Creo que lo dicho es suficiente para refrescarle la memoria al compañero Montalvo. Si ha sido injusto al atribuirme una mal-querencia hacia mis viejos amigos del atalayismo, en cambio coincide con él en afirmar que la “nueva y libre poesía que surgió después lleva algo así como una huella, de su rebelión literaria”.

* Se trata de El Imparcial, San Juan de Puerto Rico, 18 de mayo de 1963.

 

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