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El atalayismo es fuente de vida y acción

                                                 por Alfredo Margenat

El atalayismo ha venido a regenerar  nuestra lírica carcomida y mal oliente. Vino a llenar su cometido histórico. En las páginas del libro del Destino estaba escrito: "EI Atalayismo sería fuente de vida y acción en la colonia San Juan el Bautista". Nadie pudo entorpecer la libre evolución de los tiempos y de las cosas imprevistas. Por más obstáculos que se le pusieron en el camino a las huestes atalayistas, menos se puede detener su avance avasallador, crepitante y sonoro como una mala palabra. EI Atalayismo tenía que llegar y llegó: Ni los gansos ni los canes pudieron atemorizarlo. Los unos con sus cretinismos acuáticos, los otros con sus ladridos flacos y largos como sus torturas de sietemesinos.

Los bibliógrafos, los tragalibros; los rebuscadores de amarillentas enciclopedias se queman las pestañas buscando la definición de "Atalayismo". ¡Meguades espíritus! Como si la esencia de las transmutaciones biológica-sicológicas se hallaran en los renglones estúpidos de un diccionario de la lengua. Tiempo perdido para los arrieros de la péñola. El Atalayismo no está en los diccionarios, ni en las enciclopedias ni en las empolvadas bibliotecas. EI Atalayismo está en las cosas, en las esterilizaciones del espíritu, en el tremor de la vida, en lo fugitivo de las horas, en el dolor del pueblo encadenado y apaleado por los bandidos del Norte, en la garganta del pájaro, en la coz de una mula, (léase criticastro del Atalayismo) en la madera del monte que se hizo para quemar las propiedades robadas y para apalear a los idiotas del Verbo y de la Vida, en fin, el Atalayismo está como Dios en todas partes y al fin y al cabo en ningún sitio.

Ángel Fernández Sánchez, el que hoy plagia mediocremente la formula atalayista con sus poemas híbridos, fue un detractor gratuito de nuestro movimiento liberador y reformativo. Con pose de "mal hablao" insultó como un hortera a los signados por la mano de las Anunciaciones que traían un nuevo emocionario donde poetas y soñadores, podrían expresar sus sentimientos a través de un sonoro instrumental muy siglo XX.

Ángel Fernández Sánchez tal parece que como el hijo prodigo de la leyenda bíblica se arrepintió de su entuerto y comenzó a ensayar el verso nuevo. De enemigo acérrimo se trocó en un preconizador del formulario atalayista. El gratuito detractor del nuevo Mito Estético se puso de rodillas y lanzó a todos los vientos sus lamentaciones de arrepentido; y de la noche a la mañana sus Poemas Híbridos dieron contra la tapia de la vieja casona del clasicismo.

El Atalayismo es fuente de Vida y Acción. Todo aquel tonsurado de la nueva estética ama la vida e idolatra la acción. EI poeta de antaño: el que ama Maestre, amaba la clorosis, el hastío, la penumbra, la tuberculosis y la uncinariasis. Era pesimista como un mulato. Amaba lo negro. Para él, el color negro era el sumum de la Vida. La mayor de las veces moría tuberculoso y su pose favorita era poner los ojos en blanco, lucir una gran corbata mariposil, gastar un estropeado chambergo y andar sucio y sin afeitar. Estupidez suma. Idiocia mayúscula. Como si a la Belleza le agradara el maridaje de suciedad, del mal olor, de la tuberculosis, de las uñas de luto, del deshilachado y descolorido. La Belleza por eso ama la formula atalayista, porque todo en ella es pulcritud, aseo, sonoridad honda y limpia. Los Atalayistas están limpios de corazón y de cuerpo. Se inspiran jugando tennis o poker, como también se extasían viendo correr a Sazerac como un relámpago caballizado. La luna, el cisne, el ciprés, el sauce llorón y la amada son vainas que no le interesan ya al Poeta Moderno de última factura.

Las cosas tristes a los guarda cantones. Los amoríos cursis a la Puerta de San Juan. Las melenas y los ojos en blanco a los harenes hermafrodisíacos.

EI Atalayismo es fuente de Vida y Acción.

Atalaya de los Dioses

 

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